No paraba de llover. Los vidrios de las ventanas que daban a la noche no dejaban de llorar. Los árboles mecían sus ramas al viento, diciendo adiós
adiós mamá
Iván, sentado en la cama, arrebujado entre frazadas, perdía la mirada tras cada gota. Mamá se había ido una noche como esa, exactamente un año atrás. Claro que de esto último el pequeño no se percataba. Con sus escasos siete añitos apenas podía atinar a pensar que esa noche, sin saber por qué, el agujerito que sentía dentro parecía más grande que ayer.
El viento ululaba por las rendijas, como esos autos blancos en los que se la habían llevado. Esos, con bonitas luces verdes girando sobre el techo. Ya no le gustaban tanto esas luces. Se habían llevado a mamá al cielo. Todos le decían que ella ahora estaba mejor. Iván esperaba que así fuera, porque la había oído llorar de dolor.
Él la extrañaba. Más en noches como esas, en que ella no estaba para arroparlo, hacerle unos mimos y esperar a que se duerma para que los truenos no lo asustaran.
Iván no le tenía miedo a los truenos, pero las caricias y canciones de mamá lo hacían dormirse con una cálida sensación en su interior.
Ya no lloraba como antes, había comenzado a aceptar que ella no volvería; con el correr del tiempo se descubría pensándola cada vez menos. Eso lo entristecía.
Las noches de tormenta reabrían el agujerito. Ese que lo hacía suspirar y lo obligaba a seguir mirando por la ventana, sin poder conciliar el sueño.
La lluvia no amainaba, al contrario, parecía arremeter con saña contra los cristales, como queriendo alcanzar al niño que se hundía bajo el peso de su añoranza.
Las centelleantes luces de una ambulancia inundaron la calle unos instantes. Iván, con sus inmensos ojos avellana abiertos de par en par, aplastó la nariz contra el vidrio buscando ansioso el blanco camisón, la renegrida cabellera, la sonrisa fácil
La ambulancia no se detuvo.
El pequeño sintió un nudo en la garganta, el sollozo se escapó por más que quiso morderlo para no dejarlo escapar.
Alguien se revolvió en la cama contigua. Iván volvió a la suya con rapidez y se escondió bajo las sábanas. Lo último que quería era contagiar su tristeza a Abril. Se quedó lo más inmóvil y silencioso que pudo.
Un rato después, las sábanas se sacudían. Abriéndose paso como en un túnel Abril se acercaba. Iván vio un rostro casi idéntico al suyo surgir de la blancura.
Su hermana lo miró con ojos serenos. Extendió un dedito, enjugó una lágrima que rodaba por la mejilla del niño y dibujó el mismo recorrido en la suya, enfrentada.
Mamá solía reírse mucho cuando ellos jugaban al espejo. Iván no pudo evitar sonreír ante el recuerdo. Abril sonrió al unísono.
Él no lo sabía, pero admiraba a su hermana. Teniendo su misma edad siempre la había considerado mayor. Y, de alguna manera, sabia.
-La extrañás mucho hoy- dictaminó la niña sin necesidad de preguntar.
Iván la miró y sus ojos volvieron a resplandecer, pronosticando más lágrimas.
-Llorar está bien- sonrió la pequeña.- Pero voy a contarte un secreto
Hay lágrimas dulces y lágrimas amargas, y vos podés elegir cómo querés que sean.
Iván escuchaba con los ojos muy abiertos.
-No vas a dejar de extrañar a mamá. No se puede. Pero la podés extrañar así, mirá.
Abril quitó las sábanas que los rodeaban y señaló la ventana lluviosa.
-¿Te acordás que mamá lloraba de alegría? Cuando le hacíamos un dibujo
o esa vez que le llevamos a la cama unas galletitas con montañas de dulce de leche encima
y terminó manchando todas las sábanas
¡y hasta su nariz!
Iván rió, sorbiendo mocos. Sí, ahora se acordaba. Esas lágrimas de mamá eran hermosas.
-Bueno, ¿ves?- Abril volvió a señalar la ventana- Cuando llueve es como si mamá estuviera riendo de alegría, allá en el cielo. Te la podés imaginar y todo
El niño miró la lluvia con nuevos ojos, arrancando de cuajo el doloroso significado que él le atribuyera. Ya no quería que el agujerito creciera.
-Ahora hacé lo que te digo. Nos acostamos, cerrá los ojos.
Los hermanos mellizos se acostaron uno junto al otro, las cabezas juntas. El sonido de la lluvia comenzaba a adormecerlos.
-Pensá cómo era mamá, cómo nos cantaba. A la noche, venía a taparnos y acariciarnos el pelo. Pensalo con fuerza y lo sentís.
Iván recordó a su madre cantándole una canción, acariciando con ternura sus cabellos. El recuerdo fue tan vívido que casi pudo sentir su aroma.
-Era hermosa.- susurró en un hilo de voz.
-Era hermosa y siempre va a ser hermosa.- respondió Abril con los ojos cerrados, mirando a su madre bailar.- Siempre que la recuerdes con alegría ella va a estar ahí, cantándote, sonriéndote. Vas a sentir como si se te prendiera una llamita, acá.
La niña apoyó su mano sobre el pecho de su hermano, de cuyos ojos brotaron dulces y nostálgicas lágrimas de comprensión.
-Cuando sentís esa llamita, entendés que ella nunca se fue y que nunca, pero nunca, vas a estar solo.
Como si jugaran al espejo, los ojos de Abril rebalsaron de emoción. Ambos continuaron con los ojos cerrados hasta quedar profundamente dormidos.
Por la mañana un rayo de sol acarició la frente de los mellizos, que sonrieron al reconocer en sueños la mano de su madre que venía a saludarlos.













Comments
Sabes Natu, tienes en verdad mucho talento, admiro enormemente tu forma de expresar tan bien las intenciones y emociones en cada una de tus historias... Gracias una vez más por este hermoso regalo, no creas que he olvidado que te debo uno amiga mía
Mil gracias de nuevo!
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Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejano?
--
~ Ella lo único que qería, era que la quisieran como ella era.
Ttks ~ Gallery ~ Blog
Tranquila con el regalo
Un abrazo grande, amiga, se te quiere y extraña por estos lados.
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~°º¤ø} Nâtµ Åmßar {ø¤º°~ I
1 de cada 3 conejos de Birmania fuma marihuana.
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~°º¤ø} Nâtµ Åmßar {ø¤º°~ I
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Un cuento hermoso, tierno, triste, alegre y conmovedor.
Saludos natu!
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'Esbozo'
Mi Fotografia en Flickr
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~°º¤ø} Nâtµ Åmßar {ø¤º°~ I
1 de cada 3 conejos de Birmania fuma marihuana.
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Besus
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Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejano?
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~ Ella lo único que qería, era que la quisieran como ella era.
Ttks ~ Gallery ~ Blog
Gracias
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~°º¤ø} Nâtµ Åmßar {ø¤º°~ I
1 de cada 3 conejos de Birmania fuma marihuana.
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