(Error)
Estaba empezando a perder el control de las cosas, y eso era algo que no podía dejar que sucediera. Apretó el volante con fuerza. Sus manos le resultaron ajenas, manejando los acontecimientos como si no fuese más que una marioneta incapaz de torcer su propio destino.
La tarde grisácea agonizaba, dejando paso a una noche plomiza, pesada, cargada de malos augurios.
Disminuyó la velocidad. Eso hizo que su acompañante se revolviera en el asiento. No pudo determinar si de alivio o de inquietud. Esta vez las cosas eran distintas, desde todo punto de vista. Su generalmente elaborado plan de acción se había ido al demonio cuando aquella adolescente ansiosa le pidió que por favor la llevara, argumentando un trágico conflicto familiar.
Decía que sus padres jamás aceptarían a su novio, y habían decidido fugarse juntos, que lo harían esa misma noche sin más demoras porque no soportaban el no poder verse. "Sí claro, ´verse´".
Y gesticulaba exagerada, sin pretender ocultar la excitación de que era presa, enfatizando cada palabra que creía importante para ser comprendida del todo. Tanya... se llama Tanya. Cruzaba las piernas y arqueaba la espalda con una modorra casi felina. Sonreía porque él la estaría esperando, inocente ante la trampa que representaba haberse subido a ese automóvil.
Todo hubiese seguido su curso normal si no hubiese visto otro rostro, fugaz, en el de la joven. Otro rostro que repetía las mismas palabras pero sonreía diferente. Una desagradable sensación se alborotó en su interior. ¿Acaso era capaz de sentir celos?
La muchacha pareció inquietarse desde entonces. Debió vislumbrar algo en su rostro que la asustó, puesto que guardó silencio el resto del viaje.
Pero ya era tarde. El mecanismo había sido activado y ni siquiera sus propias manos podían detenerlo.
La ciudad comenzaba a quedar atrás, la oscuridad se hacía más sólida a cada momento. Las sensaciones en su interior continuaban entrechocándose. No terminaba de comprender qué sucedía, pero sabía que era inevitable.
Se alejaron de la ruta principal. Los ojos de la joven se clavaron en los suyos con un asomo de terror. Aún no era tiempo de gritos. Asi que a justificar el desvío.
- Tengo que pasar por casa antes, no te molesta, ¿no? -sonrió como pudo y no le salió tan mal- Tengo que agarrar plata para cargar gas y darle de comer al gato.
Tanya rió entre nerviosa y estúpida. No sabía qué responder, porque no había respuesta posible. Si era necesario, debían detenerse. Volvió a mirar aquellos ojos en los que un rato atrás creyó ver algo maligno y sus temores menguaron un poco.
Entraron en la casa que aún estaba a oscuras, mientras encendía un par de luces la invitó a ponerse cómoda.
- Sentate, no voy a tardar mucho, podés pasar al baño si querés.
Se escapó hacia la habitación, sabiendo que no podría dilatar mucho más los acontecimentos. Su sangre bullía fervorosa, las manos se le crispaban ante la sola vista de la adolescente. Se paró frente al espejo, clavó su mirada en el reflejo. No podía contenerse.
Ella golpeó la puerta con cautela.
- ¿Te falta mucho? Digo... porque le dije a Fabi que iba a estar antes de las ocho...
Al no obtener respuesta, Tanya se introdujo en la habitación en penumbras y se acercó a la figura que seguía de pie frente al espejo.
- ¿Estás bien? -preguntó con voz temblorosa... y recordó el espejo del baño con su vidrio rajado.
- No...- oyó la voz salir de las sombras y se sobresaltó - No estoy bien... nunca lo estuve... y nunca voy a estarlo...
Tanya dió dos pasos atrás y cayó sentada en la cama. La figura se abalanzó sobre ella, tapándole la boca con una mano. Lo último que oyó fue una risa perversa en su oído y una voz susurrándole: "Sangra... sangra para mí..."
















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